Familia Felipe Guevara
Cuando hablamos de municipio, hablamos de comunidad. Y la unidad más potente desde esa visión es, sin duda, la familia.

Si hablo de la familia, es en todas sus formas. El núcleo personal que se conforma en el hogar es la unidad mínima que, al ir uniéndose, genera vecinos, barrios, y así una ciudad. El lugar o personas a quienes llegamos cada noche después de la jornada.

Menciono esto porque quiero hacer hincapié en que el bienestar familiar, como parte del desarrollo de una calidad de vida óptima para todo ciudadano, es el pensar en que cada miembro de la familia esté bien. Y que los municipios deben estar involucrados en esto.

Y hablo primero por mi mismo. Hoy ejerzo como alcalde, sí, algo que hago con orgullo y ganas todos los días, y que me desafía a estudiar más y relacionarme más y mejorar constantemente. Pero mayor que ese motor, está mi familia: mis hijos y señora.

Sin este apoyo fundamental en mi día a día, no existiría la razón para trabajar. ¿Cómo buscar mejorar la calidad de vida de todos y todas, sin empezar por casa? Y también comprender que la felicidad y propósito que esto conlleva deben potenciarse.

Antes que alcalde, soy padre. Antes que alcalde, soy esposo. Y parte de mi labor, de mi trabajo durante estos años es un resultado y reflejo de lo que he aprendido junto a ellos, a lo que observo y escucho y también fallo en mi núcleo familiar. Y así todos vamos aprendiendo.

Cuando conozco vecinos y vecinas de Lo Barnechea, o de cualquier comuna, sus reflexiones y aportes y problemas siempre van ligados a inquietudes que vienen desde el hogar. No importa si se trata de una familia con mascotas, con hijos, tercera edad. Sea como sea, su relación con la comunidad viene después de lo que comienza en la casa. Por eso, es importante preocuparse por lo que está sucediendo en casa.

Un municipio no tiene vida si no contiene una comunidad que se mantiene interrelacionada. Y aquella comunidad no será real a menos de que cada ciudadano y ciudadana exprese sus inquietudes y tenga la calidad de vida que merece.

Esto parece ser, hoy en día, una tarea individual. Una tarea que queda para cada quien. Pero el quehacer de un alcalde, y de una institución municipal entera, es velar también por estas preocupaciones e intereses. Es involucrarse más allá.

Las familias necesitan fortalecerse, ser escuchadas, e interactuar. Cuando compartimos en familia, y trabajamos en familia por una mejor sociedad, vamos construyendo una vida más tranquila para todos.

A pesar de cuanto trabajo tenga, sé que debo mantenerme comunicado con mi núcleo familiar. Saber sus inquietudes, preguntar por sus problemas y también alegrías. De acá, del escuchar y articular y experimentar viene el primer paso de una buena gestión municipal, a mí parecer: practicar lo que predicamos en la ciudad, comenzando en la casa.

Hoy en día sé que el potenciar también el encuentro entre vecinos, la solidaridad y el compartir en torno a los beneficios que podemos generar para los y las ciudadanos, para las familias, nos hace crecer. Y es esa la dirección que hay que seguir tomando, pues aún con tropiezos, vamos todos buscando una vida mejor. Para el que vive al lado y para uno, no es algo indistinto.

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