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Junto a Cecilia Morel en la inauguración del Centro Día, en noviembre del año pasado.

En el Chile actual, gran porcentaje de la población de todas las comunas responde a la categoría de adulto mayor. Hay quienes no gustan de estar en aquel rango etario, o etapa de vida, por decirlo de alguna manera. Hoy, este rango es cada vez más largo: la longevidad se está haciendo más prolongada, pero la edad activa laboral sólo llega hasta cierto punto. ¿Qué se hace con la vida desde la jubilación, cuando ya se ingresa en la llamada “tercera edad”?

Muchas veces esta parte de la sociedad queda relegada a un ocio sin mucho sentido, que se extiende demasiado para sus capacidades y contexto. Los adultos mayores quedan gran tiempo relegados, debido a la exigencia de la vida actual para sus familias, en caso de contar con hijos/as y nietos/as. Y no todos tienen los medios para estar constantemente en actividades o viajes. Hay diferentes factores que restringen: la salud, la vida social, y los medios económicos, entre otros.

Por esto y más es que me ha preocupado especialmente qué se hace con los abuelitos y abuelitas de la comuna de Lo Barnechea. Si tenemos los recursos económicos y humanos, ¿por qué no aportar?

Iniciativas en la comuna

Es así como el año pasado pudimos responder a las necesidades y comentarios de los diversos clubes vecinales de ancianos, que nos dieron importantes guías para lo que hoy es el Centro de Día del Adulto Mayor, espacio que funciona desde marzo a diciembre, y comenzó sus actividades el año pasado.

En Lo Barnechea contamos con 1.000 vecinos de la tercera edad suscritos a algún club de adulto mayor. Es necesario hacer y ser comunidad, acompañarse y activarse. Por lo mismo, es que no sólo con la Municipalidad nos hemos enfocado en equipar adecuadamente el Centro de Día, con nuevas tecnologías ─lo mejor que hemos podido tener a nuestro alcance. Sino también generar actividades, y una cercanía con el personal que los motive a participar y a venir día a día.

Desde mayo contamos con fiestas bailables, y han sido un éxito. Y es que no hay iniciativa que sea excluyente: normalmente podemos pensar que sólo ciertas actividades sirven para los abuelitos y abuelitas, pero en el Centro de Día hemos probado de todo.

Sí, hemos firmado convenios de salud con clínicas, para mejorar su calidad de vida. Pero eso no es todo. Este espacio es como un “colegio” para el adulto mayor, donde pueden proponer y generar todas sus actividades. Todo el día pasan cosas, da igual a la hora que se integren, todo el día pueden encontrar algo que hacer, y en especial, compañía.

Tenemos profesionales de la salud, hay masajistas, kinesiólogos, podólogos, peluqueros: la idea es reunir la mayor cantidad de servicios y necesidades en el mismo lugar para su comodidad, pues hay que entender que hay muchos que tienen problemas de movilidad o energía, y es con justa razón. Por lo mismo, concentramos todo lo que requieran y lo ponemos a su disposición con gran entusiasmo y cariño. Y todo es gratuito, por supuesto.

¿Qué se puede encontrar?

Cada mañana ellos pueden llegar y tenemos estufas, salas tipo living donde pueden estar, jugar, tejer, conversar. Además de los salones habilitados para las actividades programadas en calendario: gimnasia, baile, películas, entre otros. También hay televisores, para que puedan ver lo que se les antoja. Los encargados entregan en carritos té, café, galletas, torta y más. Y no de mala gana: queremos que estas personas se sientan bienvenidas, pues es un espacio único para ellos y ellas.

Tenemos tecnología y maquinaria de punta, tenemos electroestimulación. Pero ahí lo más importante, es que la gente encuentra un nuevo sentido a la vida. Porque cuando el adulto mayor está en su casa, muchas veces sufriendo alguna enfermedad, o está medio postrado, sin moverse mucho. Es como si estuviesen, en cierta manera, abandonados. Viendo televisión todo el día. A esas personas se les está viniendo el mundo encima. Y eso es lo que quiero, y como municipio queremos, evitar.

Los adultos mayores muchas veces están en soledad, creyendo que están viviendo la peor tragedia. En cambio, si va al Centro de Día, se encuentra con otros y conversa y se ocupan. Por eso también digo que estas cosas que hacemos como municipalidad alimentan el alma, porque no todo puede ser pavimento, luminaria y árboles.

Quizás en el Centro de Día, en las fiestas, no va a bailar, pero ver que otros bailan, y eso es estimulante, es entretenido. Es otro ambiente: es luminoso, calientito, donde se les atiende y se produce un cambio en su vida, les da el espíritu de vida.

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